cuando la tristeza y la alegría viajan en el mismo tren

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Ayer leí a Cris Fernández, sí, la catalana, hablando de cómo son las clases de baile por estas tierras frías…¿frías? Aun sigo pensando que lo de los dos meses nevando lo dijeron los veteranos para intimidar, jeje. Así que otro día más cojo la bici, me pongo unas medias de colores ¡y a bailar!

Lo primero es mirar mi horario, a ver qué clase tengo hoy, porque si la TU tiene algo bueno son los tutores, y como no, las actividades. Sí, lo mejor de esta universidad es darte cuenta un día cualquiera de que tienes más horas de baile que de clase, y no solo baile, porque para los malabares también hay lugar…ese maldito link se me fue de las manos.

Los alemanes son una especie diferente. Metódicos, serios, van cada lunes a las clases de salsa con sus cinco sentidos alerta. Ellos se aprenden el paso, sí, muy bien, muy perfecto, pero a su ritmo. Da igual la canción, jamás escucharán la música... ¡pero claro! hay llegamos criz y yo!!!

Que lo de la salsa nos sabe a poco, ya que tenemos la esencia de la vida en...en los martes del 603!!! y nos apuntamos también a folk (qué ez ezo criz?). Las clases de folk están, exactamente, en algún lugar de Darmstad, ese lugar que aparece en google maps, pero que en mi mapa (del primer dia) no sale porque cae fuera.

Pero eso no es todo, ¡y allá vamos! a street dance. Me apunté por dos razones muy claras: la primera fue aprender, la segunda ver a Arnau equipado para la ocasión y dándolo todo como no lo da nunca, bueno, o como lo da siempre en schloss (sobre todo si ponen la macarena).

No podía faltar el rock, que Jose, ingeniero por profesión y bailarín por vocación, me enseñó un poco, y creo que es lo más divertido que he hecho en  mi vida, que se lo pregunten a Anchoa cuando me tenía que dejar caer. Y llegados a este punto me desdigo, que no todos los alemanes son iguales, nunca fue bueno clasificar, porque para bailar puedes encontrarte una noche cualquiera a tu compañero de piso alemán, y descubrir que tras la coleta, el traje de romano de su cuarto y la espada, se encuentra una rock&roll star!

Pero el rock a criz no le llama, así que yo, para pasar más tiempo con ella (criz múdate a Karlshof!) me dejo llevar y de tanto vaivén en danza del vientre aparezco. Pues sí, las dos más chulas que un ocho nos compramos nuestro pañuelo y a mover el esqueleto, que esto es Erasmus, ¡y se vive una vez en la vida!